8 de diciembre de 2009

Autoridad y bienestar docente


En la escuela, entendida como espacio de promoción social y de convivencia donde se enseña y se aprende permanentemente, la autoridad se hace imprescindible y ha de ejercerse desde el auténtico liderazgo.

Ejercer esta clase de liderazgo en educación supone tener ideas muy claras sobre los objetivos que se pretenden conseguir con la ayuda del equipo docente.

Está claro que en un colegio, los profesores son las personas que hay que liderar o formar para que, a su vez sean auténticos líderes. En definitiva ellos son los artífices de los logros en la educación de los alumnos.

En este sentido hemos de tener muy claro que el bienestar y el estado de ánimo de los profesores está íntimamente ligado al ambiente que se respira en las escuelas y dependiendo de éste, se conseguirán más o menos logros.

Crear expectativas en los profesores y evitar el pesimismo en los mismos en la relación con sus alumnos, requiere que se den la oportunidad de tomar decisiones, de equivocarse o de acertar pero siempre desde ese liderazgo. Para ello, son necesarios nuevos espacios de confianza, de libertad, de información, de entusiasmo y de solidaridad. Debemos marcar caminos dejando hacer y dejando soñar para que quien los recorra tome consciencia de la construcción de su propio conocimiento y experiencia.

Sólo así entendemos la autoridad educativa. Una autoridad carismática y ejemplar, capaz de formar para la vida. La educación que nace y se comparte desde esta forma de ejercer la autoridad, puede cambiar el mundo actual, basado en el poder y en las jerarquías.

Poder y jerarquías que van desde los ámbitos políticos a los empresariales pasando por los escolares. Porque también en las escuelas el poder está jerarquizado y porque la propia autoridad educativa no sabe funcionar si no es de forma piramidal. El poder y la información están demasiadas veces en manos de unos pocos, cuya principal virtud se basa en la desconfianza en los demás.

Y lo más grave es que dichas autoridades educativas ignoran que la solución a todos los problemas de nuestra sociedad pasa por un cambio de mentalidad y esto sólo se puede lograr a través de la Educación. Si no son capaces de delegar, estimular, facilitar y responsabilizar a los que han de cambiar las cosas desde la Educación, ¿qué va a ser de este mundo tan necesitado de oportunidades para poder seguir soñando, creando y en definitiva existiendo?

Cuando en la escuela se trabaja desde un liderazgo fuerte con un proyecto educativo vivo y compartido, la mejora de la calidad en los aprendizajes se hace posible. Los niveles de motivación, de confianza y de satisfacción en los padres crecen. Esta forma de trabajar mantiene de forma permanente las ganas de seguir mejorando y aprendiendo en beneficio de los alumnos, de nosotros mismos y de la sociedad, tan necesitada de auténticos líderes que creen espacios laborales y profesionales acogedores y relajados. Así debería ser la verdadera vocación de futuro en la escuela: la vocación de educar para el liderazgo auténtico y no para la autoridad jerarquizada.

Conseguir esto es conseguir ir a la escuela a disfrutar, a aprender a arriesgar, a compartir, a sorprender y sorprenderse, a meditar, a prevenir y a tener la sensación de que, a pesar del paso de los años, nunca se tiene la experiencia suficiente como para dejar de aprender. Porque en lo último que se piensa, es en dejar de vivir nuevas experiencias dentro de la verdadera escuela. La que nunca deja de enseñar a todo aquel que quiere aprender.

Desde esa escuela, en la que se aprende enseñando y se enseña aprendiendo, se pueden educar a ciudadanos como líderes auténticos que afronten con ilusión el futuro. Es la mayor satisfacción para los que estamos ayudándoles a crecer hoy, sus maestros, sus profesores y por supuesto, sus padres.



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